En frente del espejo, en contra de las pasiones.

Te escribiría el más bello poema -en prosa preferiblemente-, en él contaría mis recaídas, mis vueltas al pasado y mi cabezonería a no cerrar la puerta tras la que te encuentras, observándome, vigilándome como una gata apunto de capturar a su presa pero al mismo tiempo como un cachorro pidiendo clemencia. Pero con los años, con las estaciones, he aprendido a quitar todas tus pieles y a llegar a lo que realmente eres: tú. He descubierto que has sido muchas personas, pero a la vez solo una, que has puesto muchas caras pero sólo ltabas una y que tú misma has llegado a creerte los papeles que has interpretado. Te he visto llover, arder, destilar, e incluso fracturarte -he de decir que duele verte de ese modo-, pero aún así mantienes tu esencia de carnívora, arrancas las costras de mis más vagos recuerdos pero sigues teniendo hambre. Te alimentas de suspiros de desesperación, y de suplicas arrodilladas, eres la especie más terrible que se extingue y resurge, que evoluciona y permanece. O quizás simplemente, seas tú y, tu manera de manipular mi cabeza -la que no deja de pensarte- y mi corazón -el que no deja de sentirte-.

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Cicatrices que nunca sanan, heridas que nunca han de cerrarse.

Cada noche en el mismo callejón, llegas levantando cada baldosa que pisas, haciendo que todo a tu alrededor sea negro y que no haya más visión que tu cuerpo acercándose a mi, me inyectas morfina, letal, manipuladora, una víbora, carnívora. Me das de beber cuando estoy sediento, me elevas, para hacerme caer desde el precipicio mas escarpado que existe, me dejas inconsciente. Me miras desde arriba, disfrutas viéndome a tus pies. No eres mas que una perra. Eres despreciable, pero cada noche te deseo más y más, vienes sin ser llamada. Pero desapareces con la luz de la mañana. Eres la rata dominante en las cloacas, caduca, vanidosa, despiadada. No hay un ser que me repugne más que tú, no hay un ser al que ame más que a tí. Solo en tí encuentro la felicidad en un estado incandescente, que irremediablemente me lleva directo a la más escabrosa miseria. Eres condena penal para todo aquel que conoce el placer de sentirte.

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Estas escrita a quemarropa en lo más profundo de mis entrañas.

Aquí te espero, sentado, a que vengas una noche más, a que el contoneo de tu culo pase delante de mi. Y me mires y te mire. A que pidas tu cerveza y yo la pague, a que te acerques y te suplique clemencia, porque me tienes cogido de los huevos. Porque encoges mi corazón, lo torturas y lo arrastras contigo a las profundidades. No eres un ángel caído, eres el diablo disfrazado y eso me encanta, me tiene loco. Me ahogas con tus suspiros, tu voz resuena como un eco en mi cabeza, no puedo sacarte de mi. Ansío que desaparezcas, pero rezo porque no lo hagas nunca. Eres la erupción mas intensa de Pompeya, solo dejas escombros y desolación a tu paso. Apareces y todas las miradas son tuyas, en la oscuridad eres llamas, que incendian todo mi cuerpo. Nena, tu eres todo lo que buscaba y jamás tendré, porque tu no tienes dueño, rompes las reglas de tu propio juego. Cada noche apareces para destruirme. Eres el éxtasis que me da vida y el veneno que me la quita. Eres la droga más dura. Déjame beberte y emborracharme con tu aroma. Sácame de esta cárcel en la que tu cuerpo me tiene prisionero, soy esclavo de tus caderas, clavadas a fuego en mi cabeza. Me desvelas cada noche, me quitas el sueño, no eres más que una puta fantasía, que nunca será mía.

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Por los siglos de los siglos: Amen (así sin tilde)

Quiéreme en la distancia, cariño, que es nuestra mayor herida. Bésame el aire que inspiras en cada calada de amor que envías. Cuenta los lunares de mi espalda y haz poesía con ellos. Piérdete en mis caderas, presionate contra mi pecho, hasta que el aliento nos falte, hasta que el aire que expire sea el que tus pulmones respiren. Hasta que seamos uno. Sienteme en las noches oscuras, sobre ti, deja que el placer escape, que se esfume y desaparezca. Haz que seamos humo, efímeros, leves y el amanecer nos exhale. Haz que la luz del alba se refleje en tu costado, en tus facciones parando el tiempo. Acaricia mi pecho y nota como se dispara mi corazón. Porque tú, amor, tú eres el horizonte, abarcas todo lo desconocido y escondes todo aquello que deseo conocer, tú, amor, eres el fuego que me prende, me enciende, hace que arda y sea ceniza, que el viento esparce al ritmo de tu pestañeo. Me provocas, me calientas y me amansas, sacas mi lado más primitivo, me transformas y me desolas. Soy campo yermo entre tus prados fértiles. Golpeame fuerte, porque no hay nada peor que tu mirar, me declaras guerras que no puedo ganar, siempre en la linea defensiva, observandote desde la trinchera. Pero tu eres vida y a la vez me llevas por el más tortuoso camino de la muerte. Amo eso, amo todo lo que tocas, adoro cada curva de tu cuerpo, pero sobre todo la curva de tu sonrisa.

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